—Las he quitao, pa que veas cómo, por tu culpa, me rebano ahora mismo el pescuezo, y pa que veas, de paso, si es mala la sangre que tengo.
—Pero ¿para qué quieres matarte, pedazo de bárbaro?—replicó Dolores muy azorada, al ver la fiera actitud de Juan.
—¡Pa no verte!
—¿Pues tienes más que no mirarme?
—¿No mirarte sabiendo que te puedo ver?
—¿Qué falta te hago yo para nada, si para ti no hay más que una mujer en el mundo?
—Eso, eso que tú has dicho: una na más.
—¡Tu Amparito!
—¡No, congrio: mi Dolores! Y puesto que tú ya no me quieres, ahora vas á ver lo que hago.