—Como te lo mereces tanto—contestaba la moza sorbiéndose las lágrimas.
—No me lo merezco, ni poco, ni mucho, ni na; pero tú eres muy buena para negarlo. Mira que tú no sabes lo que he penao por ti en este tiempo.
—¿Por mí, ó por la otra?
—No me hables más de la otra, que ni tan siquiera por casualidad me acuerdo de ella.
—Mal hecho—respondió Dolores, ya más serena.
—¡Congrio! ¿Y por qué?
—Porque no debe olvidarse nunca el bien que se nos hace. Yo ni la he olvidado, ni la olvidaré.
—¿Tú?
—¿Cómo olvidar el cariño con que te cuidó y te atendió en el hospital?