Y de este modo iban dejando pasar el tiempo, y dando lugar á que la situación se hiciera por momentos más tirante.

Andrés dábase á todos los diablos y muchas veces llegó hasta muy cerca de la casa de Lucía; pero otras tantas retrocedió, pensando que ella no debía quererle mucho, por cuanto no intentaba hacer las paces por medio de una cartita. ¿Qué culpa tenía él de que no le gustaran los caramelos?

Viendo que la cosa no se arreglaba, mediaron las mamás, y llegaron á tomar cartas en el asunto los papás. ¡Era una verdadera tontería que unos chicos que tanto se querían y que tan felices estaban llamados á ser, rompieran las relaciones por un caramelo: ¡esto era ridículo! Pero ningún resultado satisfactorio obtuvieron los mediadores; y no solamente no consiguieron nada, sino que la discordia acabó por extenderse á ellos mismos.

El padre de Andrés dijo que él no volvía á decir una palabra más sobre el asunto; que hicieran lo que quisieran.

—«Esa niña—decía—está demasiado consentida y mal educada; es demasiado terca, y una mujer terca no puede hacer feliz á su marido... ¡Vaya con la muñeca!»

La madre de Lucía concluyó por asegurar que Andrés tenía demasiados humos, y que ella no se rebajaba más.

—Se habrá figurado—decía á cuantos la querían oir—que no hay más hombre que él en el mundo y que Lucía se va á quedar para vestir imágenes. Total, porque tiene ocho mil reales de sueldo en el Banco de España, ya se cree que es el rey del petróleo. Pues que se quede en su casa, que mi hija se está tan ricamente en la suya; y que tenga cuidado, que puede que vaya á caer con alguna que en vez de caramelos le haga comer morcilla... ¡El demonio del niñito...! ¡Pues no faltaba más!

Y las relaciones entre los padres fueron suspendiéndose poco á poco, hasta romperse del todo.

Pero si los padres se conformaron con esto, los hijos, no. Lucía necesitaba darle en la cabeza á su ex novio, para ver si se le ablandaba, y, para ello, aceptó las relaciones de un comerciante, conocido de casa, que, si bien era cierto que tenía muchos años, también lo era que tenía mucho dinero.