No faltaría algún alma caritativa que se lo contara á Andrés, y seguramente que las condiciones del nuevo novio le harían rabiar más.
Así sucedió. En cuanto Andrés supo que Lucía tenía novio... ¡y qué novio...!, se declaró á una muchacha que vivía en el principal de su misma casa, para darle en las narices á su ex novia.
A los seis meses de esto, y al levantarse una mañana Andrés, para ir á la oficina, la criada le entregó un paquetito que, momentos antes, habían llevado para él. Desenvolvióle, con no poca curiosidad, y, cuál no sería su sorpresa al encontrarse con una cajita de caramelos y una cartulina plegada en tres dobleces, en la que Lucía y su esposo le participaban el efectuado enlace.
Averiguar á dónde fueron á parar los caramelos al salir por la ventana del cuarto de Andrés, es cosa bien difícil.
A los tres meses, Andrés contraía matrimonio.
II
Dos años pasaron. Andrés fué ascendido y trasladado á la ventanilla de «Caja», en el departamento de «Cuentas corrientes».
Cuatro ó cinco días llevaría desempeñando su nuevo cargo, cuando una mañana quedóse como petrificado al ver aparecer á Lucía ante la ventanilla. Mirábala Andrés, sin hacer el menor ademán para coger el talón que aquélla le alargaba y que debía hacer efectivo.
Al fin, Lucía, hubo de exclamar: