—¿Tiene usted un hijo?

—Sí.

—¡Pobre angelito, más le valía haberse ido con su madre!

—¡Me está usted ofendiendo!

—¡Le hago justicia!

—Y usted... ¿no tiene familia?—preguntó Andrés con cierto retintín.

—Sí, señor—replicó Lucía, poniéndose encendida—: tengo padre, madre, esposo, tíos, primos... y demás parientes.

—Parece usted una esquela de defunción.

—Para usted... ¡como si fuera el cadáver!

—Quiero decir que si no tiene usted hijos.