III

Cierta tarde que Andrés iba de paseo por la calle de Alcalá, llevando de la mano á su hijo Abelardito, que á la sazón contaba tres años, al pasar por frente á San José, quedóse de pronto sin saber qué partido tomar: Lucía y su madre avanzaban en dirección suya, y se hallaban á muy poca distancia; ambas vestían de luto.

Lucía, al ver á Andrés sonrió, y, tanto ella como su madre, siguieron andando hasta llegar á él.

Saludólas Andrés con gran azoramiento.

Lucía, sin dejar de sonreir ni de mirarle, dijo:

—Tienes un hijo bastante más guapo que tú.

Púsose Andrés sumamente colorado, y quiso responder algo; pero no acertó á decir palabra.

Lucía, cogiendo al niño en brazos, besóle con apasionamiento.

—Rico, monín... ¿Cómo te llamas?... Tu papá es muy feo, ¿verdad?