—¡Que tengo novio¡—exclamó Clotilde bajando la vista y poniéndose roja como una amapola.
Don Sebastián, abriendo desmesuradamente los ojos, soltó una sonora carcajada.
—¿Ves como te ríes?—dijo Clotilde con infantil enfado.
—¿Y qué quieres que haga, si lo que tú llamas una cosa muy seria es la cosa más divertida del mundo... y la más lógica?
—¡Es que no he concluído todavía!
—¡Que no has concluído!—dijo D. Sebastián suspendiendo la risa.
—No.
—¿Pues qué falta?
—Lo principal: que mi novio quiere hablaros; quiere que formalicemos las relaciones... y que nos casemos muy pronto.