—En ese caso, tú sabrás lo que le falta.
—Pero es que encontrar el modelo completo, debe ser muy difícil; todos tendremos que hacer alguna concesión, tío.
—Sí, sin duda alguna, porque, por regla general, el tipo que nosotros imaginamos, como tontos, es de lo más perfecto que puede darse; y sabido es que lo perfecto no existe. Hay, pues, que hacer concesiones; pero hay que ver cuáles sean éstas, porque las concesiones son siempre peligrosas. Tú piensa bien si las que tengas que hacer en obsequio de tu novio no han de ir en detrimento de tu dicha, porque yo, en calidad de tío, ó, mejor aún, de padre tuyo, sólo puedo pedirle que sea bueno, honrado y trabajador; y estas condiciones, según tú, las tiene.
La noche se echaba encima por momentos, y tío y sobrina, sin suspender el coloquio, hubieron de apresurar el paso para no incurrir en las iras de la tía, llegando tarde á cenar.
II
—¿Estás oyendo, Micaela?
—¿Qué... señora?
—¡Qué! ¿No estás oyendo que dan las ocho?
—¿Lo dice usted por los señoritos? Ya deben estar al llegar.