A buen seguro que si alguien le preguntara á D. Sebastián lo que leía, no se lo pudiera decir, porque él mismo no lo sabía; la idea de que Clotilde se casaría, habíale causado tanta ó más impresión que á su mujer, aunque no lo manifestara. Aquella chiquilla adorable era la única con quien podía expansionar su espíritu... y aquella chiquilla iba á pasar á poder de un hombre, que la querría para él solo, que se la llevaría...
En el comedor no se oía ni el más leve ruido; en la cocina, Doña Andrea protestaba con voz destemplada de la cuenta que ponía Micaela, que, aquel día, se había propuesto dejar pequeñito al Gran Capitán.
Clotilde, de cuando en cuando, miraba á su tío, y en sus divinos ojos, de color verde, brillaba un chispazo de cariño infinito que dulcemente le enviaba envuelto en una sonrisa; después volvía á inclinarse sobre la labor; y, cosa rara, Clotilde, tan alegre momentos antes, sintióse poco á poco envuelta por una sombra de tristeza que la oprimía el corazón. «Separarse de los tíos.»
III
Los preparativos de la boda empezaron pronto y se llevaron á cabo con la mayor rapidez posible. Doña Andrea y Clotilde se pasaban las mañanas trabajando y las tardes las invertían en ir á Madrid para hacer compras.
Felipe metía más prisa que un dolor de tripas y no había modo de oponerse á sus deseos de que la boda se realizara en seguida.
Doña Andrea había llegado, en tan corto tiempo, á tomarle tal cariño, que no veía más que por sus ojos. Felipe, por otra parte, no se había descuidado en hacer lo posible por granjeárselo, y al conocer el espíritu mercantil de su futura tía, habíala tomado también gran afecto.
Un día, Felipe trató de la cuestión de buscar casa, para irla amueblando, y aquí fué Troya; ni D. Sebastián ni Doña Andrea se resignaban á separarse de Clotilde... ¡Vaya un conflicto!... Felipe decía que aquello le cogía muy lejos; D. Sebastián alegaba que si antes podía ir, después de casado podía hacerlo igual; Doña Andrea dijo que ni á tirones se separaba de Clotilde. Felipe se resistía; la tía aseguraba que era una locura ir á pagar casa, cuando tenían allí habitaciones de sobra. Al fin, tanto hablaron y discutieron, que, con la intervención de Clotilde, Felipe accedió á vivir en el hotel, con lo que, no solamente consiguió su propósito de ahorrarse la casa... y otras muchas cosas, según ya tenía pensado para sus adentros, sino que aun apareció como un gran favor que tuvieron que agradecerle.
Llegó el día fijado para la boda, y ésta se realizó en la iglesia de aquella barriada...