Felipe no cabía en sí de gozo; Clotilde estaba radiante de hermosura... y los tíos rebosaban de satisfacción; aunque cualquiera que hubiera observado á D. Sebastián, hubiera notado, en el fondo de aquella gran alegría, una gran tristeza.

—Te quedas sin música; pero pronto volveremos y te desquitarás—dijo Clotilde, abrazando y besando amorosamente á su tío.

—Que Dios te haga feliz, es lo que yo deseo—respondió éste.

—Lo seré, tío, lo seré.

D. Sebastián sonrió de un modo particular, como diciendo: «quién sabe». Clotilde, llamada por unas amiguitas, no pudo ver el gesto hecho por su tío.

Aquella misma tarde salieron los recién casados para Toledo, ciudad donde empezaba el viaje de novios, que debía terminar en un pueblecillo de la provincia de Soria, donde residía una tía de Felipe, para que ésta conociera á Clotilde.

Al día siguiente llegó un telegrama anunciando la feliz llegada á la imperial ciudad; al otro, una carta muy corta, en la que Clotilde se limitaba á decir que estaban buenos, que se acordaba mucho de ellos y que era muy feliz al lado de Felipe; un diluvio de besos y san se acabó.

Inútil es decir que los tíos se apresuraron á contestar, diciendo miles de simplezas... y haciendo cientos de inútiles recomendaciones.

Cinco días después llegó la segunda carta; ésta era más extensa que la primera... ¡como que tenía dos pliegos!... lo cual llenó de júbilo á los buenos tíos, que sintieron humedecerse sus ojos de lágrimas. La carta se leyó con toda solemnidad en el despacho de D. Sebastián.

El primer párrafo, invertíalo Clotilde en pedir á sus tíos que la perdonasen por su anterior, tan corta; pero no había tenido tiempo de más, porque se iba el correo, y no había querido dejarles sin noticias. Concluído este exordio, entraba de lleno en sus expansiones infantiles. Una cosa que por lo visto le interesaba mucho saber, era si había llovido por allí. ¡En Toledo habían caído dos chaparrones fenomenales! Pero ni aun con el agua habían dejado de corretear. Estaba encantada de las maravillas que allí veía. ¡Y pensar que estando tan cerca de Madrid, no las había visto antes! ¡No se lo perdonaba!