—Un no sé qué: eso, eso es lo que se siente.
—Al principio pensé que la causa sería el que yo...
—Sí; yo también creí que la causa sería el que tú... Pero no era eso.
—No, no era eso—dijo Clotilde con un leve suspiro.
—La causa era otra.
—¡Otra!...
—La causa de todo eso era, y sigue siendo, el empacho que tienes de notas, de pedidos de camisetas, de calcetines... y demás géneros de punto.
—Tío...
—No, no te sorprendas... ¡¡Si lo tengo yo, y no soy la mujer de tu marido!!