—Vaya con Dios, Julia y la compaña—dijo una fornida moza, que llevaba sobre la cabeza un cesto con algunas gallinas, cuyas cabecitas asomaban espantadas.
—¿Vas al mercado, Pepa?—preguntó Julia por decir algo.
—Voy á vender media docena de gallinas que ya se van haciendo viejas.
—A ver si tienes suerte y las vendes todas—añadió Pedro.
—¿Quieres venir con nosotros?—interrogó Julia sin detener su rápido andar.
—Gracias. Bien acompañados vais los dos, sin necesidad de estorbos.
—No, mujer; por eso no lo hagas...
—Vosotros vais más de prisa.
—Pues hasta luego, Pepa.