—Id con Dios.
Siguió la pareja su marcha, y pronto dejaron á Pepilla muy atrás.
—Sí que se figuraría la Pepa que nos iba á estorbar la conversación—dijo al fin Julia con tono irónico.
—No será por falta de asunto para sostenerla—contestó Pedro.
—Pues habla, hombre; mira que es malo dejar que las cosas se pudran en el cuerpo.
—Peor es, á veces, hablar de ellas.
—No serán muy buenas.
—Tampoco serán malas, cuando se da lugar á que las haya.
—Vamos, hombre; habla ya de una vez...; aunque de memoria me sé el asunto que, desde ayer, te está recomiendo.
—¡Mira cómo lo sabes!