—¿Cómo no he de saberlo, si desde ayer tienes una cara que parece un libro abierto?

—Porque no soy como otros que ocultan lo que sienten.

—Eso no lo dirás por mí.

—Bien sabes que tú eres la única persona que me trae con cuidado en este mundo.

—¿Y en qué te fundas para pensar de mí de ese modo?

—¡En que dices que me quieres y no es cierto!

—¿Que no es cierto? ¡Pues quién me iba á obligar á decírtelo, si ello no fuera mi voluntad? Si yo no te quisiera, ¿por qué ibas á estar ahora á mi lado?

—¡Bah!... También están á tu lado otros...

—¿Volvemos?