—¡Ya lo creo que volvemos!

—¡Pues sí que es tormento!

—Tormento, el que tú me estás dando, Julia.

—El que tú te proporcionas por cosas que no tienen fundamento.

—¡Que no tienen fundamento!

—¡Ninguno!

—¿De modo que no tiene fundamento el que ese señor que antes pasaba todas las tardes en el automóvil, sin detenerse, de poco tiempo á esta parte se haya parado tres veces frente á tu casa... para verte y para hablarte?

—¡Eso lo dices tú!

—¡Eso lo dice todo el mundo en la aldea!

—En la aldea no se pierde la ocasión de hablar mal del primero que se presenta.