—Ni más ni menos; que si por ti no fuera, ya estaríamos casados hace mucho tiempo.

—¡Ya salió el casorio! ¿Y qué hacemos con eso?

—Que tú no tengas que pensar en otra cosa que en tu marido.

—Y que donde dos lo pasan malamente, seamos tres para empeorarlo.

—¡Julia!... ¡A ti nada ha de faltarte!

La muchacha, comprendiendo que sus palabras habían sido demasiado crueles, trató de suavizarlas, y dulcificando un tanto el tono acre y destemplado que empleara, dijo:

—No he querido yo decir que me vaya á faltar lo más indispensable; pero si porque á mí no me falte, ha de faltarle á los demás, es lo mismo.

—¿Y quién te dice que vaya á faltarnos á los demás? A mi madre nunca le faltó lo necesario; y eso que entonces mi padre era solo á ganarlo.

—Siempre conformándose con lo indispensable—murmuró Julia entre dientes, de modo que Pedro no pudo entenderla.