—Sigue, sigue, Montalbo—exclama Martínez.

—Decía que es deprimente para nosotros y para el Estado...

Se oyen murmullos de aprobación.

—El Estado os va á dar chocolate en la oficina—interrumpe Pepe con un tonillo socarrón que promueve un diluvio de protestas:

—Que se calle.

—Eso, cállate tú, Pepe.

—Bien se conoce que tú te ganas otro sueldo por las tardes.

—¿Y por qué no os las buscáis vosotros también?

Gutiérrez, poniéndose en pie y dando un puñetazo sobre la mesa, increpa á su compañero: