Entónces, recuperados de la sorpresa, á nuestros lados y sobre nuestra cabeza, como si estuviéramos sumergidos en el agua, vemos pasar pescados de todas formas y colores, con sus caras de sordo, sus hocicos aguzados ó redondos, conservando abiertos sus ojos saltones é inmóviles.

Van, vienen, ascienden, se precipitan, se agrupan, riñen y se separan.

El cangrejo despatarrado y torpe, la anguila escurridiza, el pez espada bélico, el tiburon con su aspecto de sargento serrano hecho general de brigada, y todo como se palpa a través de los cristales, y como que se abre para el hombre el misterio de los mares y completa su señorío del universo.... Esta iniciacion en la vida íntima de los peces me agradó infinito, y es uno de los espectáculos que más llamó mi atencion en San Francisco.

X

Divagaciones.—Visitas.—Convites.—Tipos originales.—Northons.—Casa ambulante.

SAN Francisco es una ciudad que tiene regularidad en sus calles, salvo una que otra diagonal no muy católica; un solo nombre guía al viajero de uno al otro extremo de la poblacion: el reparto de la numeracion en pares de un lado y nones del otro, no da lugar á dudas; además, de trecho en trecho, en los faroles se ven escritos los nombres de las calles; cocheros, vendedores y transeuntes, son comedidos al extremo, para señalar el sitio á donde el extranjero quiere dirigirse, y por último, los policías tienen deber estricto de conducir al viajero á su destino, siempre que se le requiera.

Los wagones que transitan por todas las calles, tienen los nombres á donde se dirigen; además, lo indican con sus pinturas, y en las noches, el distinto color de los faroles, al hombre más torpe del mundo le dan rumbo y le advierten de cualquiera extravío.