En el establo se examinan búfalos, camellos, bisontes, llamas, zebras, caballos de diferentes razas y algunos burros indiferentes á cuanto les rodea, como cualquier filósofo de primer órden.

El lugar más concurrido de la menajería es el de las jaulas de los monos, y confieso que yo disentí del general parecer.

Ese plagio carnavalesco de la figura humana; ese juego grotesco de la fisonomía del hombre; esa especie de demente ó de idiota que nos provoca con su semejanza y humilla nuestro orgullo con el miedo de la certeza de su paternidad; ese parecido á personas que tienen rango social y á las que tendemos la mano de amigo ó llamamos parientes, todo eso, lo confieso, me mortifica, me horripila, me hace estar inquieto y humillado frente á un mono.

Hay monos de todos tamaños, glotones, atrevidos, impúdicos, que nos interrogan con la mirada y quieren establecer inteligencia con la accion; los muchachos se perecen de gusto con estos borradores de hombrecillos; les pinchan, les tiran frutas, les azuzan y les irritan.

El pozo de los osos es sombrío, está coronado de gente. Los animales, cabizbajos y taciturnos como un juez íntegro, suben á la plataforma, hacen sus maromas y suelen presentar espectáculos poco adecuados para las señoras y para los niños.

—De todo esto ha visto vd. mucho en México, me decia un amigo: lo que puede que le ofrezca algun interes es el acuario; pase vd. por este costado.

Atravesamos el primer patio, en que nos detuvimos á ver un leon marino, con el que se entretenia la gente arrojándole sendos trozos de carne que devoraba, y nos detuvimos al frente de una cueva oscurísima.

La cueva parecia abierta en la roca viva: es bastante extensa, y á algunos pasos del cañon de la entrada, se abre una especie de salon circular de bastante amplitud.

En ese punto, habituados los ojos á la oscuridad, comienzan á percibir como lampos de luz en las paredes, hasta aparecer del todo iluminadas, y cercándonos por todas partes.