Frente á la entrada del edificio, nos llamó la atencion un arco dentado de figura extraña: me dijeron que era una quijada de ballena ó monstruo marino.... Yo abrí tantos ojos, y no dije oste ni moste.

Lo primero que recorrimos fué lo que llaman el Museo, formado de varios estantes incrustados en la pared y cubiertos de grandes cristales.

Las colecciones geológica y mineralógica son extensas y variadas, pero muy léjos de competir en riqueza con las de nuestro museo.

Las cristalizaciones y petrificaciones son muchas, colocadas con esmero; pero sin gusto, ni grande escrupulosidad científica, segun algunos observaron.

En una seccion de ese departamento existe una coleccion de minerales del Japon, formada por el japonés Jacques Kaderly, bastante conocido en el mundo científico.

Los gabinetes que forman el Museo que da al jardin, circuyen lo que se llama el pabellon y el restaurant.

El primero es un salon elíptico con su valla y sus gradas capaces de contener como mil personas. Allí se dan bailes públicos esplendidos; en el pavimento de madera, terso como el acero, patinan en invierno las hermosas, y cuando yo lo visité habia en el centro una orquesta alemana, de gran reputacion y nombradía.

Contiguo al salon se ve el restaurant, con su armazon, su mostrador, sus mesillas, sus bebedores y sus periódicos, distinguiéndose entre espesas nubes de tabaco.

El departamento zoológico lo forma un inmenso patio, en que se ven por una parte jaulas para fieras y para aves; por otra, establos; por otra, largos corredores con jaulas, como celdillas con rejas, residencia de los monos, y en el centro un pozo en cuyo fondo se solazan los osos, teniendo la facultad de ascender á una plataforma bastante distante en el brocal del pozo, cuando se quieren dar en espectáculo.

La multitud recorre aquel lugar para conocer al tigre feroz, á la pantera inquieta y alevosa, al gato montés amenazador, al leopardo ágil y atrevido.