—Pero la gente fina.

—¿Qué millonario no se vuelve fino en cuanto le pega la gana?

—Y los que han aprendido en Europa.... A esos les retienta el leage beer y el jamon á la hora ménos pensada.

¿Ya oyes todos esos sermones de la educacion de la mujer, y de la inocencia, y de la conservacion de la moralidad por la confusion de los sexos en las escuelas?.... pues, chico, todos esos son embustes; embustes del tamaño de una bala de á treinta y seis.

¿Ya las ves chiquitinas, con su gorrito como una hoja de col ó como una cazuela boca abajo en las cabezas?.... pues eso es cajeta; á los doce años tienen el novio en la escuela, y son capaces de llevarse un hombre en cada bolsillo del delantal, como si fueran dos perones.

Salen de vareta en cuanto Dios echa su luz; eso sí, como unas vireinas de lindas y de guapas: la que no tiene por lo bajo tres vestidos para cambiar en el dia, es mujer al agua.

Si aprenden música, nada de escalas, ni de piropos, ni de ejercicios de paciencia; no, señor: la cancioncilla por aquí, la ária por allá, lo que tiene salida para los novios.

Al papá se le paran de gallo á la primera observacion....

—¿Y la mamá?

—Anda por su lado y se hombrea con la hija para vestir y acicalarse más que ella.... porque aun declarada vieja, procura sobrenadar, aunque sea como un zoquete de corcho, en las olas de la juventud.