—Eso de gobierno de casa, y de repaso de ropa y de cocina, eso para ella es casi lo estúpido.

—Entremos en cuentas, mis amigos, decia uno de los circunstantes, muy dado á los estudios sociales. Esta es una sociedad, en que no se puede presentar una fisonomía única, porque es sociedad de extranjeros, en que cada cual sigue sus costumbres como le acomoda, y no puede presentar un conjunto ó tipo regular, como la española á que estamos acostumbrados. Entre españoles, franceses é italianos se pudiera hallar la señorita á nuestra manera; entre las otras naciones, no.

Comience vd. porque el sentimiento de la emancipacion se respeta y su desarrollo es poderoso y rápido.

Desde muy temprano, el niño y la niña asumen la responsabilidad de sus acciones; se le suelta, es cierto que cae, pero es cierto que confía en sus fuerzas y las mide para no caer segunda vez. Esto produce extravíos, pero comunica virilidad, independencia y reflexion al niño desde sus primeros pasos.

El niño mexicano tiene ayo que cuida sus pasos; á poco andar se vuelve su cómplice. Se apega al árbol paterno y se nutre con los mimos de familia; pero ese sér menesteroso y raquítico, confiado en las ajenas fuerzas, amigo del ócio, será femenil en sus aspiraciones, corromperá la vida íntima, acabará por casarse para que le mantengan á su mujer.

Eso no concibe el americano; en sus juegos finge atravesar los mares y recorrer los desiertos, juega con costalitos de tierra en que descarga café, conduce fierro ó plantea un ferrocarril, y á los quince años, es carpintero, ó voluntario, ó quiere marchar á China, ó resulta perniquebrado, ensayando dar direccion á los globos; pero ese es un hombre y un hombre útil á la sociedad; miéntras el niño nuestro, es un muñeco que cuando más aspira á ser del Colegio Militar ó diputado, es cierto; á ser mantenido de la nacion, ya que no por sus padres.

La sociedad americana se cuida mucho de los delitos, es decir, de las acciones que perjudican á los demás; no se cuida de los pecados: á esto llamamos nosotros inmoralidad; lo otro constituye un gobierno de trabas y de chisme, que degrada y envilece á los pueblos.

En cuanto á la mujer, se siente desde que nace rodeada de respeto: una niña, una señorita, puede atravesar de aquí á Nueva-York, de dia ó de noche, sin que nadie la importune; va con la conciencia de ser protegida de cuantos la rodean.

La niña se educa, ilustra su razon, se desarrolla, y protegida por la universal consideracion, aspira á la libertad; para mí todo eso es excelente: la parte delicada de esta educacion es que, en mi juicio, no se le inculca bastante la idea de que se tiene que educar para madre de familia, es decir, con aspiraciones adecuadas, con la subordinacion á una voluntad superior.