Eran de la partida cosa de siete garzones como almendros, y otras tantas bellas, realizaciones del ideal de los bardos más enamorados.

Cantóse, tocóse, danzóse, y se deshojó la flor de la vida, dejándola caer en agua cristalina con esencia de rosa.

Aislábanse las parejas al pié de las estatuas, en sofaes magníficos.

Parece que veo á P. con sus ojos negros, su rizado cabello, su dentadura que al sonreir despide luz. Leila estaba á su lado, con su vestido de seda blanco, atravesado por unas lindísimas sartas de rosas.

¿Conocen vdes. á Leila?

Leila triunfa en su perfeccion de la Vénus de Médicis; entre una cabellera de espuma de oro, aparece su semblante como una glorificacion del ideal; en la atmósfera que la rodea se mece la voluptuosidad; sus movimientos acarician, sus ojos embriagan y atormentan. Su conjunto es como un canto, su andar es el himno. Si cerrados los ojos pasara á nuestro lado, sentiriamos como nadando en luz nuestra alma......

Esa mujer hablaba con P. Y. G., y su brazo de alabastro descansaba sobre su cabello de ébano, á los piés de una estatua de Apolo, como completando un grupo de Fidias.

P. la reprochaba su tristeza.

Ella le decia que cumplia con un compromiso estando allí; que tenia una amiga moribunda; que le parecia escucharla; que no tenia sosiego; y se abandonaba melancólica, escondiendo su labio de carmin en un cáliz de rosa blanco, que parecia rendirse y abrir sus pétalos con avidez, para recoger sus besos.