La congoja de P. fué extrema; tratábase de un plagio: habló, protestó, gritó, pidió socorro; y al fin, por milagro, se hizo entender; detuvo su curso el buque, y descendió.... dejando á la nueva Dido, que siguió su marcha, conducida por la desesperacion al celeste imperio.
—Saben vdes., dijo el españolito, que la broma estuvo pesada?
—Más pesada está la del paisano D., que queriendo hacer una de las nuestras con una chica, dió cartitas, hizo promesas, regaló anillos, como de juguete, y ahora, que quiera que no quiera, lo casan, y ni toda la corte del cielo le quita de encima el ¡¡oh José, divino esposo!!
—Oiga vd., me dijo mi tocayo, si en las hembras tiene vd. tipos tan originales, entre los machos puede vd. contar primores.
—Otra vez nos ocuparemos de las relaciones de los chicos de ambos sexos, con divorcio, matrimonio y todo su acompañamiento.
—Echa líneas, chico, me decia Carrascosa, echa líneas para ejercitar el pulso.... y solo cuando te encuentres muy diestro, emprende el retrato.
—Pues, por ahora, te obedezco, contesté: dejo en tal estado mis primeros perfiles.
LIT. DE H. IRIARTE MEXICO.