A la hora de la comida nos reuniamos en mayor número, y nos dábamos cuenta de nuestras impresiones.

El uno se habia hallado una fonda de marinos alegres, barata, y en que era el condimento excelente; pero bufaba de ira y no podia soportar los movimientos bruscos de los que entraban, se empinaban en su tripié, empujando á todo el mundo, y devoraban, dejando, como cerdos, un basurero de fragmentos de carne, migajas y chorreones de cerveza.

Un músico de nuestros compañeros venia sordo y escandalizado de un concierto de pífanos, trompetas y tambores, que habian extasiado á los yankees, y á él le tenian á dos dedos de la epilepsia.

Tal, estaba frenético contra una lindísima lady á quien vió descender de un coche; hizo una seña, se aceptó la libranza telegráfica, tomó su mano, vió ella un anillo que llevaba en el dedo, clamando: veri fine, esplendid: dijo él: “muy á la órden,” y sin más ni más, la lady se lo puso en el dedo.... y se marchó.... Era el anillo de la señora de sus pensamientos....

Alguno llegaba medio loco, porque un espiritista le dijo quién era, por qué iba á California y que probablemente la hija ausente se le habria casado con un perdulario.

Unos noveleros ensalzaban á los cielos cuanto veian, pintando á nuestras mexicanas, chiquitinas, gazmoñas y encogidas, ceremoniosas, llenas de vanidad y de celos.

Miéntras otros estaban reñidos con las extranjeras por su brusquedad, criticaban su espíritu mercantil, su flexibilidad de carácter con el primer transeunte, y su aire vagamundo y masculino, y nada sacábamos en limpio, y todo era disertar, y todos y ninguno teniamos razon.

Yo frecuentemente me acompañaba con Alfonso Lancaster, Pablo Ibarra y Manuel Alatorre.

Melancólico, aunque finísimo, el primero: reservado, pero lleno de nobleza, el segundo; y Manuel, condescendente y delicado.

Por supuesto, tenian que buscarme dia á dia mis amigos, como con linterna, por aquella enfermedad de que ya tengo dada cuenta á mis lectores. Porque eternamente me perdia al salir de la casa, al torcer una esquina, al saludar.