Objeto Desiré de las más delicadas atenciones, se declaró por México con frenesí, y yo, á pesar de mis años, la declaré más mexicana que á la Malitzin.
Una de mis exclamaciones entusiastas hizo hablar á mis compañeros de mi lacra poética, y fuí hombre perdido. El ruso aquel cobraba cierto aspecto feroz.
La jóven habló á un criado al oido, sacó una tarjetita, escribió y despidió al criado.
Sirviéronse los postres: me parecia que el ruso me veia cara de turco; pero bebió conmigo y mis compañeros: me dijeron que su fijeza en el mirarme era por curiosidad de conocerme y que decia mil cosas lisonjeras para mí.
Yo me tranquilicé; pero Desiré era tan espiritual, tan amable, sabia decir cosas tan seductoras, que los Moctezumas estábamos lelos de admiracion.... y sin perder de vista al ruso....
Hablóse de caballos, de libros, de caza, de marina, de armas. En este punto, el ruso habló divinamente: eso de escribir un nombre con balas, de poner puntos á unas ies, de clarear los pequeños círculos de un siete de oros, eran para el maldito ruso como beber un vaso de agua.
El criado de la tarjeta llegó conduciendo un álbum, que era un verdadero prodigio artístico.
Desiré se dirigió al ruso, y éste, con la mayor finura, me suplicó rendidamente, por medio de un intérprete, escribiese allí algunas palabras, y que le hiciese la gracia de que fuese en aquel momento, porque tenia que partir de un dia á otro para las islas de Sandwich.
Pedí permiso para retirarme á una pieza contigua á escribir en el álbum.