Los jóvenes quedaron en medio de la algazara, las risas y las copas.

Yo me sustraje al ruido y comencé á hojear el libro, distraido, porque realmente, no tenia humor de escribir.

El precioso libro contenia miniaturas encantadoras, paisajes deliciosos y versos en varios idiomas.

Era aquel álbum como un altar en que la gracia, la inspiracion y el talento artístico habian colocado las más ricas ofrendas.

Oia yo como á lo léjos las risas, y no sé por qué me sobrecogió inesperadamente rara tristeza.

Seguia hojeando el libro y me fijé en unos versos, escritos de mano de mujer; pero los escribia una mano enferma, trémula: ví con más atencion, y en el papel habia huellas de lágrimas.

Los versos ocupaban las últimas hojas del libro: entre ellas habia un pensamiento hermosísimo, perfectamente desecado.

Aquellos versos, ¿quién lo creeria? son de la madre de Desiré, elocuentísimos, sublimes de bondad y de virtud.

Eran los versos un contrasentido en aquel libro. Eran un llamamiento á la virtud, con los recuerdos de la infancia, frente á la tumba del honrado padre que habia derramado su sangre por la patria; eran la representacion de la vida apacible del hogar, rodeada de los encantos de la inocencia, y formando la niña las delicias de la madre, que la idolatraba.... Era una apelacion á su corazon; era una retencion en el camino del bien, bañando sus manos de lágrimas, cubriendo de besos su frente todavía pura......