Cruza las calles dando carreras y saltos y gritando desaforadamente; descalzo, con los pantalones remangados hasta cerca de la rodilla, en mangas de camisa. Ese muchacho, con el cabello á la frente, y el sombrero, que es un muédano ó un remolino de arrugas, con afinidades con el trapo, fuma cigarro y bebe wiskey, se ingiere en la política y está al tanto de las peripecias mercantiles.
No siempre ese muchacho es un perdulario; mantiene algunas veces su familia; jamás pide limosna ni estafa en sus tratos, y suele tener sus economías en la caja de ahorros.
Otro de los comercios callejeros es el de los que dan bola á las botas: los hay ambulantes, que con su cajita en una mano y el cepillo en la otra, interceptan el paso y obligan al transeunte á mantenerse equilibrado en un pié, miéntras comunican lustre á su calzado, y los hay sedentarios, que poseen una especie de garita de tablas, con su empinado sillon, su espejo y sus periódicos.
Una vez paseaba con J. Alcalde: seguíamos con la vista un carruaje abierto, espléndido, en que dominaba una matrona lindísima, é iban entre las olas que formaban las pieles, sacando sus cabecitas rubias, unos niños como arcángeles.
Detúvose el carruaje frente á una de esas garitas, y la dama saludó afectuosa á uno de esos tiznados boleadores, que en mangas de camisa y con su pipa en la boca, subió al estribo del coche: los niños se abalanzaron á su cuello, pidiéndole (five cents), cinco centavos. Creimos que aquel era un criado.... Era el padre de aquella preciosa familia.
El boleador ha hecho en su pedestre oficio una fortuna de más de doscientos mil pesos, jugando al Stock; pero se honra con ejercer su profesion!!!
Además de los vendedores ambulantes que hemos mencionado, hay vendedores como los que propalan naranjas de los Angeles y otros, pero con un grito único, triste y desairado.
A estos californios á quienes nada distrae de su negocio; que tan guapos son en tierra como en la mar, y que así se encaraman aislados sobre una roca, sin más comunicacion que la de las aves y las nubes, como se sepultan en las entrañas de la tierra; estos californios, digo, son los chicos más bobos y los más afectos á las diversiones públicas.