Aunque muchas veces, léjos de disminuirse los peligros con la proximidad de las costas se aumentan, hay algo de arrimo con ver la tierra; se nos figura que en un siniestro viene en nuestro auxilio; sobre todo, la idea de un pronto y feliz término del viaje, envolvia las largas horas de fastidio en las distracciones de las sorpresas de los que por primera vez se embarcan.
La curiosidad de ver una ballena tenia preocupados á varios de los compañeros, desde el Manzanillo. Al dia siguiente de nuestro embarque, y cruzando las inquietas aguas de Cabo Corrientes, álguien vió aparecer y desaparecer el monstruo, como un relámpago.
Agolpámonos sobre cubierta, los conocedores rastreaban con curiosidad el rumbo; al fin vimos salir de entre las aguas una cabeza enorme, boluda, unida á un cuello largo, muy largo y angosto, que como que se balanceaba, dependiente de una masa negruzca que se sumergia en las aguas.
Como la navegacion en último término es el abandono de la personalidad; como el ócio es una llama solapada que consume los jugos del espíritu; como la espectativa del acaso, luego que se prolonga produce la indolencia, que es una especie de catalepsia para el alma, cualquier accidente cobra desusada importancia en el mar.
La rama vagamunda que se balancea sin rumbo en las olas, la gaviota que sigue al barco para merodear sus desechos y nosotros la creemos cortejo cariñoso, el pájaro perdido en el rastro de humo que deja el vapor, y forma como hileras de árboles y cimas de montañas en el vacío, todo nos despierta, nos interesa, lo encadenamos al mundo que hemos dejado, lo atesoramos, como atesora el pájaro los granos de la planta, y todo lo convierte en reliquia nuestro apartamiento de la madre tierra.
Se agobia con preguntas á los viejos marinos y á los navegantes aguerridos, que por su parte se hacen los menesterosos y dan valía á sus conocimientos, viendo con cierta piedad á los neófitos.
—Ya verá vd., me decia uno de esos marinos viejos, poseido del provincialismo de las aguas; ya verá vd. si admite comparacion aquel mar encallejonado y mezquino de Veracruz, con este mar que es un señor mar.
En aquel mar se revuelven las olas como las nueces en un talego; aquí, no señor, parece que se arrancan del confin del cielo y vienen inmensas y se elevan poderosas y se rompen á los piés de vd., que ve como despedazarse un universo de cristales.
Vea vd. qué costas inmensas y desiertas con acceso por todas partes.... dígame si con dos buquecillos como cáscaras de coco y cuatro gatos de resguardo se podrá evitar el contrabando. ¡Y qué costas! Vd. no puede calcular, aunque quiera, la inmensa riqueza de ese Valle de Banderas que tenemos al frente y el partido que podria sacarse para la exportacion. Solo en maderas posee tesoros que no se pueden ni valuar; tiene vd. ébano en abundancia, Primavera, que es la codicia de los artistas, linaloé aromático, moral, huayacan y otros muchos árboles preciosos. Pero desde aquí hasta Compostela, donde vamos á llegar, el tabaco crece casi espontáneo, y bastaria un ligero cultivo para hacer de ese ramo un venero inagotable de riqueza.