Mostrónos el Sr. Bancroft diez y ocho tomos de apuntaciones curiosísimas de solo California, con multitud de anotaciones, hijas de una inverosímil erudicion.

Yo escuchaba con orgullo y con admiracion al Sr. Iglesias y á Gomez del Palacio, ampliar las notas, apuntar las incorrecciones, y verter, sin pretensiones y con la mayor modestia, raudales de erudicion que sorprendian al auditorio, dejando complacido al extremo á nuestro sabio cicerone.

Con especial agrado, y haciéndonos notar mil particularidades y bellezas, hojeó M. Bancroft á nuestra vista la historia inédita de California, escrita por el Sr. general Vallejo, y que es un tesoro de curiosidades científicas y literarias.

¡Qué claridad de estilo! ¡qué sencillez tan limpia y tan llena de verdad!

Vimos muchas preciosidades bibliográficas, entresacadas de cerca de veinte mil volúmenes.

Al fin, nos detuvimos en un saloncito muy esmeradamente cuidado y en el que existirán como cuatro mil tomos, y allí, con la mayor sencillez, nos dijo M. Bancroft: “Examinen vdes. con atencion: todo lo que vdes. ven, habla de México.”

Iglesias, Gomez del Palacio, Alcalde y yo hicimos el registro más minucioso de aquella Biblioteca Mexicana, sin duda la primera en su género en los Estados-Unidos, y acaso, con vergüenza lo confieso, del mismo México.

Autores ignorados; otros apénas conocidos de nombre; ediciones rarísimas, desde la época de Juan Pablos; crónicas de conventos; colecciones de periódicos, desde las primeras Gacetas; folletos; relaciones de viaje manuscritas; diarios curiosos de individuos particulares; autógrafos, y todos los historiadores, desde Alva Yxtlatxochil, hasta nuestros dias.

En cuanto á biografías de mexicanos, el número de las que posee el Sr. Bancroft me sorprendió. No mencionábamos ninguno de nuestros hombres célebres, del que no nos diese detalles, siendo en general rectas y justas sus apreciaciones.