En toda esta dilatada excursion, en que nos llenó de atenciones nuestro cicerone, no dejamos de admirar su erudicion inmensa, su talento perspicaz y una dulzura y sencillez de carácter que cautivan tanto ó más que su inteligencia.

Un amigo nuestro de Sonora nos decia al salir de la librería de Bancroft: “Ya vdes. verán otras librerías y otras imprentas, y se formarán idea del movimiento intelectual de California.”

—¿Se han fijado vdes., continuó, en un edificio ancho, macizo, que se encuentra en la calle de Bush, entre Montgomery y Samsone?

Forman la fachada nueve elevadísimos arcos superpuestos, que tienen otros arcos laterales en intercolumnios, coronando el todo del edificio un bastion de zinc, circundado con su barandal de fierro.

Esa es la que se llama la Librería Mercantil: contienen sus salones, librería, gabinetes de lectura para damas y caballeros con separacion, cuartos para escribir, para platicar y fumar, y un riquísimo museo.

Una asociacion de negociantes fundó este establecimiento por suscricion, que llegó en su principio á la suma de dos mil quinientos pesos. Esto pasaba en 1868.

La asociacion, aunque con nombre mercantil, está al servicio de toda clase de personas, sin distincion de nacionalidades, ni de edad, ni de sexo.

Los socios se han aumentado al número de 2,135, que por medio de muy módica suscricion, sostienen aquel establecimiento, honra del pueblo de California.

Hoy cuenta la Librería Mercantil cincuenta mil volúmenes en los departamentos de ciencias y literatura.

La mayor parte de las obras son en inglés; pero hay muchos libros franceses, alemanes, españoles y de todos los idiomas conocidos.