En la conciencia del gobierno y en la del último de los ciudadanos está que la comunicacion es la respiracion, que el servicio postal debe estar al alcance, no de la última aldea ni de la última choza, sino del último de los ciudadanos.
Despues de levantada del suelo la colonia naciente, entre la primera y segunda casa, hay una lata, una piedra, una carreta, en que está escrito Post office, y no importa que no haya comunicacion ni que se derroche en el aprovechamiento de los especuladores: la balija lleva el hilo misterioso que une todos los vínculos sociales con aquel ó aquellos hombres que parecen olvidados en los desiertos.
Se cree que donde está un hombre asiste la patria entera, para darle á entender que pertenece á la gran comunidad social.
La bondad del servicio del correo se mide por la extension, la regularidad, la seguridad y la violencia de los servicios que presta, no por sus rendimientos.
En México tuvimos un administrador de correos, que formó á su antecesor una reputacion de despilfarrado, porque extendió varias líneas de comunicacion, y el muy bárbaro se jactaba de tener catorce mil pesos en caja, sin pensar en crear una sola vía nueva para la correspondencia. Lo singular es que el gobierno y el público aplaudian á dos manos al inservible pero honradísimo administrador.
El solo condado de California tiene más de mil administraciones de correos, y Nuevo-México más de cien, con todo y ser un país casi desierto.
En la naciente ciudad de San Francisco se distribuyen de cuatro á seis mil cartas diarias, y veinticinco mil, tambien diariamente, en todo el Estado. Además, mensualmente se dirigen á China y al Japon seis mil cartas, cinco mil á Australia, á la América central cuatro mil, y sobre seis mil se reparten entre las islas de Sandwich, Alasca y otros puntos.
Para la proteccion de carreras extraordinarias, se gastan veinticinco mil pesos por semana.
El número de periódicos que se reciben es enorme, y se calculan por toneladas para la valuacion de los fletes.
Un pequeño ejército de empleados da cumplido lleno á las diferentes labores del correo: cincuenta y cinco se emplean en lo que se llama servicio de puertas, es decir, recibir y repartir la correspondencia en el interior de la oficina, treinta fungen como agentes y escribientes, y cuarenta trabajan con la denominacion de mensajeros ó colectores (carteros).