El servicio de la ciudad se hace por pequeñas cajas de fierro, fijas en las columnas que sostienen los faroles del gas. Tres veces al dia recogen la correspondencia de esos buzones los carteros, y tres veces reparten las cartas con la mayor puntualidad.

El cartero deja las cartas á los porteros, y cuando no hay porteros, usa un silbato para avisar su llegada á una casa, y que estén pendientes los que en ello tengan interes.

La proteccion al correo es decidida; no hay circunstancia alguna, por grave que sea, que embarace su tránsito, y cuando el cerco es más riguroso, por ejemplo, en un incendio, el correo se abre paso con solo anunciarse.

A veces, mejor dicho, con mucha frecuencia, se llenan las cajas ó buzones de la correspondencia que están en las calles; el público no se detiene por eso, continúa poniendo cartas y periódicos sobre la tapa de la caja, á la vista y al alcance de todo el mundo, sin que se dé el caso de que se pierda una carta, ni de que nadie se atreva á tocar aquellos papeles, puestos bajo el sagrado de la confianza pública. Este solo rasgo hace la apología de un pueblo.


Ya hemos indicado que del edificio de la aduana no se puede hacer una descripcion especial, confundida, como está, con el correo, y teniendo las oficinas un carácter provisional y una adicion en otro edificio que está á la espalda del correo.

Por lo demás, la aduana de San Francisco se considera que ocupa el cuarto lugar en importancia entre los Estados-Unidos, siendo solo inferior á New-York, Boston y Baltimore, pero superior á Filadelfia y Nueva-Orleans.

Las embarcaciones que entran en el puerto anualmente, son 45,000, que miden más de millon y medio de toneladas anualmente.

Las embarcaciones proceden de Europa y los mismos Estados-Unidos, China, Japon, Indias Occidentales, Polinesia, Sur América y casi todos los puntos del globo.