En la parte interior del Hipódromo formaba masa compacta la concurrencia: los hombres permanecian de pié en las gradas. Las damas formaban orlas encantadoras entre sus trages de pieles, flores y plumas, y la luz jugaba en las sombrillas, en los velos y en los rizos de las hermosas.
No habia carreras; la competencia se habia anunciado con caballos trotadores, con tales particularidades y con circunstancias tales, como si se tratara de los héroes de la Iliada.
El orígen de caballos y yeguas, sus retratos, los caballos históricos que habian ilustrado la genealogía de cada corredor, con altas proezas y referencias á sus títulos de nobleza ó blasones escrupulosamente registrados.
El programa de la funcion á que asistiamos era igualmente minucioso. El peso de los vogues, el de los aurigas, el nombre y color de cada cuadrúpedo, la cantidad de las apuestas, los nombres de vedores, de jueces y de árbitros, todo se contaba en el programa, con especiales detalles y con una formalidad, como en el negocio público de mayor trascendencia.
Reinaba la confusion: á nuestra entrada, la concurrencia vagaba de los establos á los lugares de las apuestas, al tablado de los jueces, á las lumbreras y las gradas: de pronto se presentaron en la escena los primeros lidiadores.
El vogue es un quitrin de dos ó cuatro ruedas y caja de dos asientos; pero la diferencia entre el vogue comun y los corredores, consiste en que está suprimida la caja y hay en su lugar uno como asiento de albardon que sirve al conductor. La construccion de estos vogues es tan leve, las varillas del juego tan delgadas y ligeras, que parecen de alambre ó de hilo; se le figura á uno que desenredándose, se podian contener en un carrete. Hay vogue que pesa únicamente setenta y cinco libras; el peso comun son noventa libras.
Aparecieron, como digo, los campeones con sus cachuchas de prolongada visera, sus chaquetillas de seda, coloradas, verdes, azules, amarillas y otros colores, pantalon blanco de casimir ó punto, y borceguí á la pantorrilla, cubriendo el pantalon.
El Jockey, ó corredor, se sienta en la uña central del juego, abre de par en par sus piernas, las apoya en las varas que carga el caballo, é inclina su cuerpo hácia adelante; la figura que forma el conjunto, es grotesca, es como un pinacate cabalgando en una araña.