Los caballos eran lindísimos: cuello tendido, leve cintura, anca redonda; las piernas delgadas y ligeras como cañas de la India, el ojo ardiente, la nariz abierta, y las crines tendidas.

Cinco eran los adalides, sobre cinco rúbricas de fierro, moviéndose con tal ligereza y haciendo giros tan vistosos, que con razon animaban la concurrencia.

Los conocedores saltaron cerca de la valla; veian si el caballo metia el pié; si tenia puesto el forro para no chocar con la tierra dura el pié ó la mano; si el arnés estaba seguro; si el freno era adecuado, y entónces llovian las apuestas y tenian expansion las simpatías.

Fueron á las voces de mando encarrilándose los cinco campeones; los caballos, inteligentes, se observaban, husmeaban, inquirian con inteligencia suma el sonido de la campana, piafando, conteniéndose apénas.... en un momento inesperado, sonó la campana.... la concurrencia toda se puso en pié.... al fin partieron....

Confundiéronse los carruajes: en las sinuosidades del terreno, muy calculadas, aparecian los competidores para perderse y reaparecer de nuevo: los espectadores seguian con inquietud extrema la competencia.... un caballo negro hacia punta, seguíale un alazan.... despues un bayo; los otros caballos quedaban muy atrás.... se acercan.... se oye golpear la tierra con las herraduras de los corceles.... ya llegan.... se duda si el alazan ó el prieto pisará la línea; al fin, el prieto cruza.... desembarazado, arrogante, victorioso.... la concurrencia aplaude con entusiasmo, las damas agitan sus pañuelos, el nombre del Jockey afortunado se proclama entre vivas y bravos!

Así se entablaron varias competencias hasta anunciarse la última, en que una yegua, cuyo retrato y biografía circulaban con profusion, saltó á la arena.

A la presencia de la yegua, abandonaron sus asientos los amatteurs y fueron á cortejarla como á una reina; la veian, la acariciaban, le prodigaban elogios, le decian: “encantadora señorita.”

El hermoso animal parecia comprender y se mostraba contenta de sus adoradores.

Se anunció la carrera, se cruzaron las apuestas, y casi sin esfuerzo venció la gran señora de las yeguas, marcando con un nuevo lauro su alta posicion.

Al terminar esta carrera, algunos de los individuos del Club nos invitaron á tomar una copa, y penetramos en los grandes salones, en donde habia distinguidas señoritas.