Todos los cáusticos, todos los tósigos, todos los similares del aguarrás, del álcali y del petróleo, están encerrados en botellitas que hacen temblar las carnes, con los nombres de salsas, pikles, pimientas, polvos y sazones.

Llega el manjar, y caldo ó carne todo es uno, llueven polvos, vinagres, melazas, el caos de los sabores, la Babel de los tósigos; aquello se devora y su hervor se apaga con cerveza ó se inunda en agua, varias veces nauseabunda....

La mesa era, pues, la béstia negra para mis compañeros y para mí; pero pasadas sus embestidas, renacia el buen humor y se trataba de comunicar variedad al triste encierro que nos sujetaba.

El piano levantaba los ánimos, el aprendizaje del idioma estrechaba los vínculos, y la amabilidad mexicana hizo tales conquistas, que á poco tiempo los chinos ensayaban dancitas, los empleados tarareaban el sombrero ancho, el servicio se relajaba y el capitan se tiraba las barbas al ver que la fiebre mecsicana hubiese invadido su ántes silenciosa y austera mansion.

Un pasajero de la Baja California, ancho de espaldas, resuelto de mirada, pero de finas maneras, me sorprendió en la tarde dirigiendo piropos á las nubes, extasiado con el espectáculo magnífico de la caida del sol (ya es conocida de mis amigos mi manía de declamar mis versos al improvisarlos, manía que me ha valido algunos chascos).

El cuadro que yo tenia delante de los ojos era de una grandiosidad inexplicable.

Moles inmensas de nubes veíanse tendidas y como superpuestas en la dilatada extension del horizonte; sobre aquella gradería aérea se condensaban grupos de nubes formando árboles, arcos, pirámides, cabezas de monstruos con garras y alas, caballos, columnas, ancianos de profusa barba y dragones gigantescos: de las extremidades de ese horizonte amplísimo colgaban cortinajes caudalosos de púrpura, que se revolvian ó se derramaban sobre las gradas: el sol, primero apareció como en el centro de un pórtico fantástico y fué descendiendo tras la gradería, trasparentándola, tiñéndola de escarlata, bordando de oro los cortinajes, circuyendo de ráfagas, árboles, arcos y columnas, dejando como en la sombra, rocas, ancianos y monstruos; descendió más y el globo inmenso de fuego tornó en raudalosas cataratas de llama las gradas, apareciendo el astro rey ahogándose en el infinito de luz que reproducian las aguas como incendiándose, en tanto que vislumbraba la luna en Oriente como inundada en lágrimas al presenciar la agonía de su hijo, el padre del dia.... El cuadro, aunque desnaturalizado por mi pluma, era magnífico, la tripulacion entera asistia á él, ébria de deliciosa admiracion. Yo estaba aislado, y como digo, declamando no sé cuantos disparates.... sentí á mi espalda un ruido y era el pasajero que me decia:

—Continúe vd., señor.... continúe vd., yo rezaba tambien como vd.

El pasajero es amigo del Sr. Pedrines, vecino de la Baja California, con quien por tal motivo contraje relacion.

—Allí tiene vd. mi casa, esa es la Baja California, yo poseo unos ranchos cerca de San José. Cierto es, continuó, que la Baja California no tiene los tesoros que la Alta; pero es opulentísima, son innumerables los ganados que sustenta, de sus minas tienen vdes. noticias bastante exactas por los escritos de los Sres. Esteva y Castillo, el comercio de la orchilla podria hacerse fecundísimo, la pesca de la ballena es ramo que ha producido cuantiosas ganancias y no tengo noticia de que se haga la pesca de la perla, que produce cuarenta y cincuenta mil pesos anuales, en mejores condiciones que aquí.