La vena más rica descubierta hasta ahora está en Virginia-City, y se llama Comstok.

El descubrimiento y las peripecias de esas minas, aunque no tan estrepitosas como los placeres de oro, pusieron á prueba el carácter del aventurero; muchos de éstos tuvieron que andar entre la alta nieve de las montañas, emprendiendo increibles trabajos, y muchos murieron con la palabra Go ahead (Adelante!) entre los labios. Socavones de 1,200 piés, pozos insondables, todo se intentó y la tierra arrojó tesoros de su seno sobre los atrevidos trabajadores. La cantidad de metal desprendido de solo la mina de Ophir, se calcula en 150,000 toneladas.

El juego de alza y baja de las minas para valorizar sus productos, se hizo objeto de las especulaciones de los banqueros, quienes no solo hacen adelantos al minero sobre los futuros productos, sino que creen esto más fructuoso que las operaciones de descuento, y en este juego, si bien algunos improvisan fortunas colosales, otros, y son los más, se arruinan espantosamente.

No obstante, esa excitacion, ese juego de azar empeña á hombres emprendedores de los Estados-Unidos y de Europa.

Se propala el descubrimiento de una mina ó de una veta, se encarecen sus frutos, se publican opiniones de peritos, y la prensa echa á vuelo todas las campanas de la publicidad. Ha habido vez que la prometida bonanza se realice: entónces son los grandes paseos, el juego y las orgías, al punto que unos negociantes de Chile tuvieron una bonanza de cerca de un millon de pesos, y al mes no lograron reunir dinero para comprar dos burros en que volverse al puerto.

La charla, la codicia, la prevision, los anzuelos para atraer á los incautos, se ponen en juego en aquella lotería peligrosa de que resultan verdaderos desastres.

Los banqueros de San Francisco, más prudentes que otros, hacen generalmente sus préstamos á las Compañías, con un tanto de premio, lo que es ménos expuesto.

Se forma la Compañía, se emiten Stokes ó acciones, y la alza ó baja de los Stokes constituye el juego.

El Banco de California, que quebró hace poco estrepitosamente, hacia, como ninguno, la alza y la baja de los Stokes. Se hallaba á su cabeza el célebre Ralston, que puede citarse como el tipo del negociante americano.

Marinero subalterno, llamó la atencion por su porte y audacia. El banquero Garrison le dispensó su proteccion y le encargó en Panamá de sus sucursales del Banco de San Francisco: en 1855, cuando tenia veinticinco años, Garrison le llamó á su lado y le interesó en todas sus empresas.