Un dia fuimos á Oklan; esos ferris son como demonios, se embaula gente hasta el tope y todo el mundo está de bromilla; yo no soy enamorado, pero tampoco un pedazo de atun: ví á unos amigos con unas señoritas; ¡qué graves y qué circunspectas! una de esas señoritas cargaba un envoltorio enorme: al salir del ferro tomó el tercio aquel en brazos ¡pobrecita! y luego era tan linda.... por negada que sea una persona, se comide en tales lances.... cargué el envoltorio, ella no sabia palabra de español.... tomó un ómnibus, y yo fuí, cargando, hasta depositar el bulto en el coche.... como no tenia rumbo, allí me quedé.... y llevábamos el estorbo aquel entre los dos.... thank you, muchas gracias, decia ella.... y yo contento.... llevaba un anillo en mi dedo.... ella me tomó el dedo.... y á mí se me fué la mano.... veia y examinaba el anillo.... y decia: very fine, very nice, esplendide.—A la órden, señorita, y ¿lo creerán? me lo fué safando del dedo, y ahí te quiero ver.... por recobrar el tal anillo, me perdí.... á los tres dias éramos amigos. Pero yo dije: “Lino, aquí paras”.... me informé; aquella no era una mujer pública, era una preceptora de idiomas... Vamos, con mil diantres, sea vd. maestra de mis hijas!
Va á la casa, les enseña este gury gury, y á mí ¡pícaro! á decir: “Mi querida señorita, mi esposa,” y.... ¡quién sabe cuántas tonterías!
Pícales el celo á mis hijas y despiden á la preceptora....
Lo perdido, perdido, dije con mi conciencia limpia, y quedamos en paz.
Pero amigos, ¿cuál fué mi asombro, cuál mi espanto, cuál mi estupefaccion, cuando me van notificando que me case con Lulú? ¿Yo con Lulú? hombre, si no estoy dejado de la mano de Dios; si poco me falta para tomar una calavera y una disciplina!
—Que se case vd., que no hay remedio, ó cien mil pesos por indemnizacion.
—¿Indemnizacion de qué? ¿qué pedazo de territorio le he quitado á esa furia?
Me llevan á una conciliacion, muestra mi anillo, ríe el auditorio, le digo al asno del abogado que yo no habia tenido dares ni tomares.... grito, charlo, nadie me entiende. A los tres dias de esta escena, voy viendo un periódico ilustrado, y allí estaba yo en estampa, sin que me faltara pelo ni señal, debajo de un árbol, dando un anillo á Lulú. Pues, señor, aquello era causa célebre: mis hijas empezaron á saber no sé cuántas cosas. Lulú tenia tios, primos, apoderados, abogados, y todos con las uñas clavadas en M. Lain Pastaino (eso quiere decir Lino Patiño, ese soy yo), que bufaba por estas calles. ¿Pero una prueba? La ley quiere que se esté al simple dicho de la mujer.
—¿Pero si yo no tengo aliento ni para verme?—Que afiance Mr. Pastaino.