El juego, como es de suponerse, es la manía, la locura de California, aunque se dice que está prohibido: tal circunstancia influye para que las casas de juego no tengan la apariencia ni el lujo que otros establecimientos análogos; pero en cambio, el consumo de licores exquisitos es extraordinario en esos lugares en que se improvisan y se pierden grandes fortunas.

Cuando terminó el almuerzo, álguien propuso un paseo á pié por el Parque, que fué aceptado con entusiasmo.

El panorama que se veia en aquel lugar delicioso, era encantador.

A nuestra espalda se hundia el sol, sin sus rayos, como un inmenso globo de oro en un hirviente piélago de llamas.

A nuestra izquierda y á nuestro frente estaba apiñada la ciudad, y se veia como los semblantes de una multitud que invade una altura y se empina para ver pasar algo á sus piés. A nuestro rededor habia colinas llenas de árboles, y flores, y ondas, que formaban altos médanos y hondonadas de arena, y en una de esas cuencas descollando las delgadas puntas de los pinos, las cúpulas de los robles, y dejando percibir entre los troncos y el follaje, los blancos sepulcros y las soberbias estatuas del cementerio.

Yo caminaba con un anciano español, muy conocedor de las costumbres americanas: viendo mi preocupacion y sabiendo la causa, me dijo:

—¿En qué piensa vd., que le he dirigido dos ó tres veces la palabra y no me contesta?

—Pienso, le dije, en esto que han platicado vdes. sobre el OMNIPOTENTE DOLLAR; ni afectos, ni artes, ni moral, ni nada es posible donde todo está metalizado.

—Hay muchas y muy honrosas excepciones, esencialmente en el Sur; pero en general, es exacta la pintura.

—Figúrese vd., continué yo, que en mi tierra puede decirse que se peca por el extremo contrario. Contigo pan y cebolla es comedia que se representa con más frecuencia que la conveniente; es característica y universal la fórmula de la madre de familia respecto de su hija: Yo quiero para mi hija un hombre de bien, que la ame mucho. Nada más frecuente que la espera de cinco y seis años para que mejore de fortuna el amado del corazon de una jóven. Nada más vulgar que en los frecuentes cambios de fortuna, consecuencia de las vicisitudes políticas, ver trasformar á la mujer exigente y antojadiza, en sufrida y llena de abnegacion; nada nos parece más cotidiano que la pasion vehemente de una beldad llena de encantos, por un escribiente de oficina, sin un cuarto, miéntras la rodean con sus seducciones los hombres del poder y del oro; no, en ese punto, México es adorable, y sus mujeres, las primeras de la tierra.