—Ya oigo á vd.
—Este era un bar-room de esos en que se paga lo que se bebe, de que ya tiene vd. prolijas noticias; á este bar-room, á la misma hora, pero con infalible asiduidad, concurria un perro, el más considerado y pulcro que vd. puede imaginarse. Sus buenas maneras hacian que no faltara quien le arrojase un buen pedazo de carne. Apénas se proveia, cuando se salia el perro corriendo á todo escape, sin probar bocado, y desaparecia.
La singular conducta del perro atrajo al cabo de tiempo la atencion de muchos de los concurrentes al bar-room, y se propusieron hacer indagaciones sobre su vida.
En efecto, despues de muchas diligencias, supieron que el perro tomaba su carne, corria, salia de la ciudad y se perdia en una especie de cueva que estaba al pié de una colina.
Irritada con esto la curiosidad, propagada la noticia y desfigurada con los fingidos accidentes de una leyenda, estuvieron algunos en acecho de la cueva: entró á ella el perro con su carne, se acercaron los curiosos, y vieron que llevaba aquel alimento á otro perro herido de una mano, tendido en un rincon de la cueva, que recibia al amigo generoso con muestras de tierna gratitud. Era aquella pareja, Pílades y Orestes en cuatro piés.
La historia de los perros conmovió todos los ánimos; el ayuntamiento de la ciudad se hizo eco del sentimiento popular, sacaron á los perros de la cueva, los condujeron en triunfo á una casa de la municipalidad, llamada del incendio, y se dió especial acuerdo por el municipio, adoptando por hijos aquellos canes, manteniéndolos y recomendándolos á la bondad del pueblo.
Pronto se restableció de sus males el perro enfermo; les lavaron y compusieron, pusiéronles ricos collares para distinguirlos, y desde entónces los perros fueron objeto del aprecio general.
Los dos canes amigos eran inseparables; visitaban los paseos, penetraban en todas las casas, y en todas partes eran atendidos y agasajados.
Por fin, dieron los perros en visitar la bahía, y manifestaron deseos de viajar.
Acogidos en todos los buques y con pasajes grátis, fueron á China, á Australia, á Valparaiso y á donde querian, siendo á su regreso perfectamente recibidos en su casa, donde los esperaban las atenciones de la ciudad.