—Singular historia, dije yo, comparando la suerte de aquellos perros con la de algunos heróicos servidores de mi patria.

Al salir de la tabaquería, ví varios coches como detenidos en una bocacalle....

—¿De qué se trata?

—Está pasando un entierro: vea vd. la fila de coches, y los cocheros se detienen no solo por respeto, sino porque está muy extendida la supersticion de que el que corta un entierro muere sin remedio.

—¿Pero esos coches son los del duelo?

—Sí, señor; ¿por qué lo pregunta vd.?

—Porque veo á los concurrentes vestidos de color y adornados como para una fiesta: además, van mujeres y niños.

—Esa es la costumbre; no hay diferencia, en efecto, entre una comitiva de paseo y la de un entierro. Las cortinitas de los coches se echan para librarse del sol, ó cuando los que van dentro del coche no quieren que los vean; pero en los entierros es otra cosa.

—¡Rarezas! ¡rarezas de los yankees!