XX
Las criadas.—Los chinos.—Los alemanes.—Casas ambulantes.
ENTRE las casas de mexicanos que me favorecian con su amistad, habia una que visitaba con particular complacencia.
Era una señora venerable, con tres hijas, modelos de virtud y de hermosura.
El padre de la familia fué á California con objeto de establecer un comercio: le halagó la fortuna uno ó dos años, murió repentinamente, y la familia, inexperta en los negocios, se encontró pereciendo de miseria al cabo de algun tiempo.
Las jóvenes, perfectamente educadas, se persuadieron de su posicion, tomaron sobre sí el cargo de la subsistencia de la familia, y cada cual utilizó su aptitud, no solo conservando la casa como ántes, sino con mayor decencia, rodeándose de toda clase de consideraciones.
Una de las jóvenes se dedicó á dar lecciones de piano, lo que hacia con el mejor éxito; otra entró como dependiente á una casa de modas, y estaba encargada de los libros y de los grandes negocios del almacen, y la otra, como maestra de idiomas, contribuia á la subsistencia de la familia.
La señora gobernaba la casa, y en las noches se disfrutaba en ella de la mejor sociedad á que yo haya concurrido.
Una noche encontré á Guadalupita de mucho mal humor, y cada vez que la acentuaba con cualquier signo, reia la mamá y le decian todas.... “neta mexicana, mexicana completa.”