Al fin se descubrió el motivo del mal humor.
En la casa estaban con la necesidad de una recamarera. Se presentó una jóven á quien se le impuso de sus obligaciones, y parecia con todo conforme.
—¿Cuánto es lo que quiere vd. de salario? le preguntó Guadalupe.
—Yo, señorita, nada.
—Cómo nada! eso no puede ser!
—Sí puede ser. Yo trabajaré todo el dia, como vd. me dice; pero luego que termine yo mi trabajo, vd. me dará durante una hora mi leccion de piano, porque yo quiero ser artista: con mi trabajo pago á mi maestra.
—Yo, dijo Guadalupe, le volví la espalda, y ella replicó:
—Es que acepta muy gustosa mi propuesta una paisana mia que lo hace muy bien; pero su método de vd. es mejor.
—¿Me dará vd. insolencia? repetia colérica Guadalupe.