Y la mamá y las otras dos jóvenes reian, llamándola “muy mexicana.”

Fidel, me decia un viejo frances visita de la casa, que me profesaba particular cariño. Aquí los criados son trabajadores como los artesanos; aquí, propiamente hablando, no hay servidumbre á la manera que vdes. lo comprenden.

Un criado se contrata para determinados quehaceres, asiste á la casa como á su oficina á desempeñar sus obligaciones, llena éstas y queda en libertad para otros trabajos ó sus placeres en la calle.

Es muy frecuente que su cocinero de vd. le tome la delantera en un teatro, ó se siente en un bar-room á tomar ostiones.

—Pero eso es repugnantísimo.

—¿Por qué? le choca á vd. un pintor? un músico? pues yo no sé que tenga más importancia que un cocinero. Todo es cambio de servicios. Todo es el mismo proloquio: dinero por mi pan, nada me dan; pan por mi dinero, nada agradezco al panadero.

—Todo estará muy bueno; pero ese igualamiento no puede ser; ese criado un dia tira á vd. con un trasto en la cabeza, le replicará á todo, será insoportable.

—Nada de eso, porque á la primera falta le pondrá vd. en la calle. Su interes, por otra parte, le obliga á cumplir con exactitud, concurre á la casa como á su taller ó á su oficina: lo que hay de cierto es que el amo no ultraja al criado, no le quiere corregir en su vida íntima, ni se mete en las poridades de su conciencia; en las noches es libre, y hace de su tiempo lo que le parece. Estas casas, que son una prision para las criadas; esa comunicacion de carácter clandestino con niños y niñas, trae inconvenientes de otro género; tal vez se priva uno de esos criados viejos que se identifican con los amos y son modelos de lealtad y amigos llenos de abnegacion en sus infortunios; pero en cambio, pocas veces aquí el criado es el cómplice de una maldad; en fin, tendrá su pro y su contra la servidumbre constante en el interior de la familia; pero sí aseguro á vd. que con el sistema americano, gana mucho la dignidad humana.

Fidel, vd. se ha ayankado, vd. no discurre como mexicano.

—No, señora; si apruebo lo que el señor dice, es porque no veo inconveniente en que luzca su trabajo el lacayo, en que si es instruido, se abra camino y ocupe un asiento en el congreso; ¿por qué no?