Los alemanes, aunque en gran número, pocas veces se dedican á la servidumbre, establecen á los cuatro vientos sus chozas ó tiendas, guareciéndose algunas ocasiones bajo una carreta; de los primeros cuatro palos que tienen á mano, construyen un bar-room, en que se expende cerveza; sin esa circunstancia, la iniciativa de poblacion es como trunca y defectuosa. En pos del tonel viene la Biblia. El templo protestante y el bar-room son como las piedras angulares de la futura poblacion.

El aleman se instala con familia y trabajan todos los miembros de ella asíduamente: sóbrio, económico, previsivo y constante en el trabajo, no aventura un paso sin sentir muy firme el terreno.

Admira la audacia del yankee, elogia los arranques de su génio emprendedor; pero él no abandona sus prácticas; modesto, reservado con el americano, expansivo y servicial con sus paisanos. El aleman es como ciertos insectos, no se perciben hasta que no se trasforman en mariposas, ó más propiamente, el aleman es la araña de la mosca del yankee.

El uno audaz, pero frívolo; el otro, cauto y reflexivo; el yankee es el hombre de hoy; el aleman el de mañana: el yankee en una empresa entrega muchas probabilidades al acaso; el aleman ninguna. Diez alemanes se hacen ricos con las locuras de un yankee; el yankee pocas veces explota á un aleman. En sus juegos de astucia, el aleman semeja á esos gatos que dormitan sobre una silla al parecer, que se descuidan y no se aperciben del raton que va, vuelve y se solaza á sus piés; pero en el momento ménos pensado, cae el raton, rendido de fatiga, en las garras del gato papalon.

Por este estilo fué la plática de la casa de Guadalupita, que disipó su mal humor con los chistes y con el agrado de sus apreciables hermanas.

Serian las once de la noche cuando nos retiramos de la agradable tertulia: la noche era hermosa, la mitad de la calle estaba alumbrada por la luna: en la otra mitad se proyectaba la sombra, abriendo claros de trecho en trecho, en las puertas y ventanas, la luz artificial.

De pronto, detuve á mis compañeros, porque me pareció que torciamos por una calle cerrada: un gran edificio nos obstruia el paso.

—Vamos bien, esta es la calle.

—¿Cómo ha de ser? ¿No ven vdes. que vamos á dar de narices contra esas paredes?