Esos grandes espectáculos que todos tenemos la facultad de asimilárnoslos y engrandecerlos con nuestros propios sentimientos, con nuestro modo peculiar de concebir lo grande y lo bello, son de dificultad extrema; porque siempre hay más poesía en el alma que la que puede verter la palabra y remedar el pincel; siempre lo más sublime de esos espectáculos queda dentro del espíritu del que los admira.
El pájaro perdido que vuela sobre las olas; el celaje que flota perdido en el horizonte tempestuoso; la barquilla solitaria alumbrada en la inmensidad de las aguas por los últimos rayos de la luz; la feria alegre; la querida que espera ansiosa la llegada de aquella barca que viene en lucha con las olas enfurecidas, todo necesita por intérprete un gran poeta, para que florezca un pintor excelente.
¿Y el cuadro de costumbres? ese Fígaro del colorido, ese pincel proteo que travesea con el muchacho, cuchichea con la vieja, y sabe reir malicioso con el viejo caricato y su cuidadora gazmoña, pintores son estos que confunden al filósofo y al poeta y merecen doble corona cuando logran el acierto.
Por lo demás, el establecimiento de la sociedad artística y de la escuela de dibujo, cuenta con pocos años de existencia, y en esos pocos años ha producido ópimos frutos.
Obra de la iniciativa particular, se instaló bajo la direccion de Mr. Brunel, con solos veinte mil pesos: asociáronse al pensamiento benéfico cuatro ó cinco mil personas con suscriciones de á uno y dos pesos, y en seis años es un establecimiento que no desdice de los mejores de los Estados-Unidos.
Ocupábame en mis anteriores apuntaciones, cuando se entró de rondon en mi cuarto Joaquin Alcalde, vibrante aún de la expedicion que habia hecho á Oakland y su visita á la escuela de sordo-mudos y ciegos.
Iba y volvia del uno al otro extremo de la pieza, hacia el ciego, gesticulaba como los sordo-mudos; en una palabra, su rica imaginacion, su sensibilidad y su facultad mímica inimitable, estaban en accion por las poderosas impresiones que acababa de recibir.
—Cuénteme vd. en órden, refiérame por partes lo que ha visto.
—¿Vd. conoce el muelle de Oakland? me preguntó.