Al más mexicano de los mexicanos que conozco,
A “FIDEL”
Majestoso y soberbio,
Sobre el mundo apoyado,
Se percibe el gigante
Que se llama el Parnaso.
Los bosques le circundan,
Su pompa custodiando,
Y los jardines tienden
Tapices esmaltados
A todo el que de cerca
Pretende contemplarlo.
Allá están los pinares
De follaje gallardo,
Verdes como esmeraldas,
Umbrosos.... sosegados,
De los extensos mares
Las olas contemplando.
La encina está más léjos
Junto al roble lozano,
Haciendo pabellones
A los enamorados,
Que á sus ninfas les cantan
Canciones como Bardos.
Este monte es más lindo
Que aquel otro Parnaso,
Todo con embelesos
Y todo con arcanos,
Y con sus nueve musas
Y nueve mil resabios.
Aquí se ve patente
Al Dios de lo creado,
El que á la luz da vida
Y mieses á los campos.
De lo alto de este monte
¡Qué lindo es el Océano,
Cómo en tropel sus olas
Van corriendo al ocaso!
Rielando con la luna
Que gira en el espacio,
En posesion grandiosa,
Seguida de sus astros!
Miro á “Punta de Pinos,”
Al poderoso Faro
Del navegante amigo,
Y amparo de los barcos;
Allí ostentan sus gracias,
Cuando llega el verano,
Las bellas que produce
El suelo afortunado.
De lona alegres tiendas
Bordan los verdes campos,
Y se pueblan los aires
De músicas y cantos.
En vistosas carreras
Compiten los caballos,
Y hay damas y convites
En medio de los campos.
Monterey á la falda
Del excelso Parnaso,
Parece hermosa niña
En maternal regazo.
¡Oh qué bello es su puerto
De pueblos circundado!
Y las sierras del “Toro,”
El “Gavilán” mentado,
Huerta del “Rey Saucito,”
“Cañada de los Gatos,”
“Huerta vieja,” “Cayuelas,”
Muy cerca “Los Berracos,”
“Cañada del Teniente,”
“El pocito del Blanco,”
“Cañada de los Hornos,”
“Picadero”.... y me callo,
Porque al fin esta sarta
De nombres tan extraños,
Tan solo los conocen
Los soldados de antaño.
¿Qué fueron de las casas
De adobes y enjarrados?
¿De dónde nos vinieron
Jardines y palacios?
Silencio, que no hay huella
De los pasados años,
Que desde aquí al olvido
Corriendo se marcharon.
¿Dónde está la capilla,
Iglesia de soldados,
Que hicieron á su costa
Como buenos cristianos?
¿En dónde está el castillo,
Cuyo fuerte artillaron
Los hombres más valientes
Que este suelo pisaron?
Triste está la Bahía
De Monterey ufano,
Dió tono á California
Por más de sesenta años.
¡Salve, Monte Carmelo!
Con tu templo arruinado,
Cuya cúpula miro
Como en mis verdes años.
¿Por qué no detuviste
Los tiempos que pasaron?
Viendo estoy á tus puertas
A los viejos soldados,
Hablando reverentes
Con frailes franciscanos,
Con sus espadas unos
Y otros con sus breviarios.
En bella lontananza
Con la vista cruzando
La bahía, se mira
Santa Cruz, la de Mayo,
Cuyos valles y montes
Desde tiempos lejanos
Están siempre cubiertos
De palos colorados,
De Laureles, Madroños,
De esbelto encino blanco,
De fresnos y de Alisos
Y grandes Avellanos.
El rio San Lorenzo
Camina serpenteando,
Llevando entre montañas
Su curso manso y claro.