Domesticado el Green, se le lleva á una posada de mala ley, en que hay generalmente cantadoras y bailarinas; el pobre labriego siente palpitar su corazon; el cantinero, cómplice casi siempre del calavera, mezcla un ingrediente adecuado al vino del hombre de los campos, y allí es Troya: se le desbalija en un abrir y cerrar de ojos, y se tiene por bien librado en el desenlace del drama, si logra, con los restos de su fortuna, interesar á la inflexible policía.

El calavera que nos ocupa, aunque tenga domicilio conocido, flota en las calles y se guarece en los sótanos de las casas arruinadas ó de las que están por construir. Muchas veces sus guaridas se encuentran en las cuevas de las colinas que rodean la ciudad; aquellos antros tenebrosos son verdaderamente infernales; la orgía impera en toda su desnudez, y lo que hemos leido de peor, respecto de bohemios, de lazzaronis y gitanos, no es ni sombra comparado con esos sepulcros de la honra, de la decencia, de la honestidad y de todas las virtudes sociales.

El género femenino de esta especie es verdaderamente espantoso: niñas en la flor de la vida, deshojando sus encantos en la embriaguez y la locura; quejas como aullidos; besos como cáusticos; alegrías que estremecen y horrorizan, y llega á tal extremo la perversidad, que aun cuando á aquella precoz decrepitud se ofrezca un arrimo; aun cuando la fortuna le brinde luz y bienestar, él ó ella se apegan á sus compañeros, contraen sus enlaces y forman su mundo aparte, en el corazon mismo de la sociedad.

El Jodlums siempre es jóven, siempre temerario y arriesgado; va en la popa de la vida desafiando las tempestades; el calavera no muere, se pierde ó se borra de un modo insensible; una misma alma parece trasmigrar á varias personalidades.

El aumento del cuerpo de policía, los ejemplares castigos aplicados á personajes que se habian burlado de la justicia, y otras causas, han disminuido la importancia del Jodlums; pero cuando se le cree perdido, reaparece tremendo, y un grande escándalo sirve como de aviso de su existencia turbulenta.

El salon subterráneo, la casa de juego, son como las oficinas de este dañino personaje; la noticia de un envenenamiento, la suministracion de bebidas con brebajes que ponen á las víctimas á discrecion de los malvados; la extincion de la luz en los juegos; los enmascarados y otras fechorías, son los solaces de estos verdaderos demonios.

—Realmente espantado me ha dejado vd. con su relacion, dije á mi amigo; yo ni sospechaba siquiera en la existencia de esa aberracion social, en vista del órden, del bienestar y de la superficie tranquila de esta poblacion afortunada.

—Para completar el cuadro de estas curiosidades, deberia yo hablar á vd. de gitanos decidores de la buena ventura, de espiritistas, sobre todo, que hacen su agosto, avasallan voluntades y gozan en aquel país de números, de inmensa popularidad.