Entre los adivinadores no olvide vd. mencionar al Dr. Koern.
—Pues bien, dícteme vd.
—El Dr. Koern, vive en ese callejon sucio y oscuro que corre entre las calles de Bush y de Sutter.
Su tipo es el tipo neto del judío: gran melena, narigudo, ojo pequeño y cuerpo corcovado. El retrete en que despacha tiene el aspecto de aquellas oficinas de alquimistas que ha inmortalizado la pluma de Walter Scot, y no precisamente por hornos y retortas, lagartos disecados, y cráneos humanos, sino por el aspecto del mago ó nigromante y por el carácter de misterio que sabe comunicar á cuanto le rodea. Tiene muy numerosa clientela, recibe como un potentado, y se cree que ha reunido un inmenso caudal.
De King ya ha hablado vd. extensamente, pero no de Foster.
Del primero se dice que con perseverancia inaudita, y hace muchos años, lleva libros en que están inscritas mil particularidades, sucesos notables y nombres de personas que se hacen un tanto visibles. Para resolver una consulta se da dos ó tres dias, y en ese tiempo hace sus indagaciones, valiéndose de agentes diestrísimos.
La especialidad de Foster es la adivinacion: se cuentan de él cosas que rayan en prodigios. Se le escribia un nombre y se le decia que adivinase; para esto el doctor suministraba el lápiz ó tenia en el círculo un corresponsal, que por medio de signos imperceptibles le ponia al tanto de lo escrito. Sus manejos fueron denunciados.
Un competidor suyo, disfrazado, le preguntó dónde estaba su hermano. Foster le designó un punto del Este con particularidades especiales.... despues de oirlo el rival, le dijo que no tenia hermano y que Foster era un embaucador; la prensa se apoderó del suceso, y Foster emigró de San Francisco.
Las originalidades del yankee, su supersticion, en nada se han dado á conocer como en el uso de los vidrios azules.
Lancaster Jones escribia con este motivo á uno de sus amigos de México: