“Es muy general en algunos pueblos de los Estados-Unidos la preocupacion de que el vidrio azul ejerce un influjo tan favorable á la salud, que la preserva de casi todas las afecciones. El antídoto no puede ser más sencillo en su aplicacion, ni más barato, pues basta para el objeto recibir de vez en cuando los rayos del sol al través de un vidrio de aquel color, cualquiera que sean su tamaño, y la manera de colocarlo. Deben ser muchas las víctimas de esta superchería, puesto que en New-York existen almacenes de importancia, cuyo principal negocio consiste en vender el encantado talisman. Los poseedores de él, miéntras no se enferman, viven contentos y tranquilos con la idea de que han adquirido, en cambio de algunos centavos, la invulnerabilidad contra todas las enfermedades, excepto la última; así es que no se puede negar por completo la virtud del vidrio azul, una vez que sirve al ménos para aquietar á las personas aprensivas.
“Si nuestros frailes ó sacristanes vinieran aquí á vender sus medidas, su tierra de Chalma y sus aguas milagrosas, hombres, mujeres y niños de estos pueblos se les reirian á las barbas; pero en cambio, es la cosa más fácil del mundo engañar á un yankee en estas materias, atribuyendo calumniosamente el mayor absurdo á cualquiera ley de la naturaleza. No se les debe decir nunca la palabra milagro, sino simplemente: una invencion, un descubrimiento debido á la profunda sabiduría; con esto, y el sello de la oficina de patentes, tienen pasaporte las mayores barbaridades.
“Respecto de los vidrios azules, debo decir que las personas ilustradas se burlan de ese Aquiles de la salud, que todo se vuelve talon y aun suele servir de asunto para epígramas y chistes. En una comedia de Ministrils, por ejemplo, aparece el presidente Grant quejándose de sus padecimientos físicos, en conversacion con uno de sus amigos. Este le dice:—“General, ¿por qué no ensaya vd. los vidrios azules?”—Grant contesta: “Es inútil, amigo mio: por que el Sol está en mi contra.” Es sabido que en New-York se publica un periódico con el nombre de El Sol, que hacia la oposicion á Grant.
“Esta facilidad y llaneza con que para divertir al público toman los histriones por tema los más sérios y respetables negocios de la vida política y hacer la caricatura animada de los más eminentes funcionarios de la nacion, me recuerda, aunque no viene al caso, otra ocurrencia de Ministrils.
“Asistia el presidente Jhonson á un espectáculo de este género, en que figuraba un perro sabio haciendo gracias y manifestando sorprendente habilidad. El payaso excitaba los aplausos del público, y en uno de sus raptos de entusiasmo, exclamó: “Este perro no tiene nombre: yo quisiera ponerle uno con que se inmortalizara.”
—“¿Qué nombre le pondremos? preguntó el empresario.
—“Washington, Washington, dijo el payaso.
—“Eso no será; yo reverencio y amo demasiado ese nombre, para ponerlo á un perro, por más gracioso y estimable que sea el animal....
—“¿Le pondremos Aníbal?